El bandolero no sabe de números. Sólo de atardeceres, de alboradas, de botines de cuero, de encajes de Bruselas y sedas de China que vestían las damas de su época. Pero no sabe de números, ni quiere aprender.
- ¿Y cuando tienes que pagar tus compras?.
- Extiendo la mano con el dinero y el vendedor toma lo necesario.
No tiene miedo a ser engañado, porque dice que quien estafa a un ignorante, lleva el castigo consigo.
- Pero también se lleva lo que no le corresponde.
- Una sola vez. El que miente y engaña lo delata con la mirada. Los ojos no saben mentir porque por ellos se asoma el alma...
Le digo que, a veces, sí mienten: cuando el alma está sucia, cuando las entrañas son insensibles y hieden... Pero no me hace caso. El sabe cuándo le engañan y entonces escupe una maldición o una bofetada.
-Y ¿si tienes que contar el botín?
- Lo mismo vale un kilo de oro que diez monedas... El botín se sopesa, no se cuenta... Cuando es demasiado pesado, puede ser peligroso en la huida y hay que soltarlo como un lastre... Y para eso no hace falta contarlo, sino poder llevarlo.
Es inútil explicarle lo que es una cuenta bancaria, una acción bursátil, una herencia patrimonial...
- Mira, ésta es mi cuenta personal...
Y me enseña su botín, su manta jerezana y su caballo...
-Estas son mis acciones.
Y me muestra los encinares, que le proporcionan su desayuno de bellotas diarias, y el manantial que aplaca su sed y la gruta que lo cobija.
- Y ésta es mi herencia...
Y me muestra el sol que asoma por el horizonte, y la luna que empieza a diluirse en la claridad del día y el paisaje que le rodea y las manos con que hace las banquetas con un tocón de madera y los cuencos con las raíces.
- ...que habré de legar a los que vienen detrás.
En verdad, el bandolero no necesita saber de números para vivir tranquilo...
viernes, 15 de febrero de 2008
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Una película: ALL THAT JAZZ
Su protagonista acaba de morir en Arkansas a los 75 años. Fue más conocido en el cine por su papel del neurótico jefe de policía de "Tiburón", que acaba matando al gran escualo. Se llamaba Roy Scheider, y antes de su éxito mundial a las órdenes de Spielberg ya había sido candidato al Oscar como mejor actor secundario por su papel en "The french conection", en 1972. Y antes había aparecido como el amante y chulo de Jane Fonda en "Klute", en 1971, su primer papel importante en el cine.
Pero yo prefiero quedarme con su interpretación de Bob Fosse en el filme de Bob Fosse. Fue el perfecto coreógrafo y bailarín que creó el realizador a su imagen y semejanza, con sus propias vivencias de drogadicto, adicto a los fármacos y ya enfermo de muerte como su personaje. La película fue un musical nada convencional que retrataba la dureza, el esplendor y la decadencia de la gente que trabaja en el mundo del espectáculo, a través de los ojos de un coreógrafo exigente y neurótico que no era otro que un clon del propio Fosse, ya tocado por la enfermedad mortal. Refleja la dureza de una profesión que priva al individuo de otras satisfacciones que no sean las del propio espectáculo. Es la otra cara del show, la menos grata, la menos vistosa, la menos deseable, que transcurre casi siempre entre bastidores, ensordecida con los aplausos de fondo, que subrayan aún más la miseria y la soledad del artista. Roy Scheider interpretó magistralmente al neurótico coreógrafo demostrando, al mismo tiempo, su habilidad como bailarín que le costó meses de entrenamiento. Junto a él, Jessica Lange (antes de "King Kong" y de "El cartero"), John Litgow, Leland Palmar, Ann Reiking...
La película obtuvo la Palma de Oro en Cannes en 1980 y en 1979, cuatro Oscar: mejor vestuario, banda sonora adaptada de Ralph Burns, dirección artística (también de Bob Fossse, como el guión), y montaje. Hoy está descatalogada y resulta difícil encontrarla. Pero vale la pena buscarla en los viejos videoclubs o buceando en Internet.
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