martes, 4 de marzo de 2008

Humor



Las respuestas de las azafatas a los impertinentes.






* Un pasajero, tras una discusión, le advierte a la azafata que le está resultando una persona juy desagradable. La empleado le contestó:



- Sin embargo, Vd. me parece una bellísima persona. Pero podemos estar equivocados los dos.



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* En medio de un altercado por culpa del overbooking, un cliente le dice a una de las azafatas del mostrador:



- Vd. no sabe con quién está hablando.



Ella se vuelve a su compañera y le dice:



- Otro gilipollas que no sabe ni cómo se llama.



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Un pasajero, haciéndose el macho ibérico ante los amigos, le pregunta a la azafata:



- Señorita, por el precio que he pagado por el billete, ¿puedo tocarle el culo?.



- A ver, déjeme el billete que lo vea... Pues no. Pero por este precio tiene derecho a que le dé por culo el comandante.



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Un pasajero a la azafata:



- Señorita, este vino sabe a cullo.



- Imposible, señor. En Iberia sólo servimos vino de excelente calidad. Le debe estar repitiendo algo que haya comido antes.



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Marujerías

Para pensar:


Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí. El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf. El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí. Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime. El profesor, rápidamente añadió dos cervezas al contenido del bote y efectivamente, el líquido llenó todos los espacios vacíos entre la arena.

Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: 'Quiero que os fijéis que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada mas nos quedasen estas, vuestras vidas aún estarían llenas. Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche..... La arena es el resto de las pequeñas cosas. Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo el nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes. Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o tu afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto solo es arena'. Uno de los estudiantes levanto la mano y le preguntó que representaban las> cervezas. El profesor sonrío y le dijo: 'Me encanta que me hagas esta pregunta!. La cerveza es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos cañas con un amigo".

Cocinerías

Una receta: TORRIJAS


Hacen falta un pan de hogaza o una chapata de pan de payés o cualquier barra de pan ancho y con miga, del día anterior o con dos días. Leche en abundancia, aceite de oliva, canela, azúcar, vino dulce y huevo.


Cortar el pan en rebanadas de dos dedos de ancho. Calentar un litro de leche con una rama de canela, una copita de vino dulce y dos cucharadas de azúcar, removiendo de vez en cuando. Cuando esté casi caliente, retirar del fuego y verter en una bandeja honda sobre las rebanadas de pan para que se remojen bien. Dejarlas una hora aproximadamente. Calentar entonces abundante aceite de oliva en una sartén grande. Batir huevos y sacar las rebanadas de pan con cuidado de la leche, rebozarlas en el huevo batido y echarlas en el aceite muy caliente. Voltear cuando creas que estén doradas por debajo, y dejar freir hasta que se doren por ambos lados. Sacar, poner a escurrir sobre papel de periódico o de cocina espolvoreando enseguida de azúcar mezclada con canela molida y dejar templar. Luego colocarlas en una bandeja regándolas, si se desea con una copita de vino dulce. En otros pagos se riegan con miel o con vino tinto normal (para quien lo gusten del dulzor abundante). Y en otros no se riegan con nada y se dejan tal cual salen de la sartén espolvoreadas con el azúcar y canela.

Según las regiones y las costumbres, la cocción de la leche suele hacerse con distintos ingredientes. El vino dulce se sustituye, según los lugares, con aguardiente, coñac u orujo. El azúcar se sustituye por miel y, en ocasiones, se añade -como en el arroz con leche- una corteza de limón.

Es plato tradicional en España durante la Semana Santa, procedente de la Edad Media, donde el pan era alimento habitual y exclusivo de las clases bajas que, para olvidar otras carencias, lo 'enriquecían' de alguna forma, sobre todo en esta período litúrgico en el que antaño no se podía consumir carne ni, según los días, pescado ni huevos por el ayuno.