viernes, 18 de abril de 2008

Historias del bandolero


El mal

El Mal existe. El bandolero también lo intuye, porque tiene una extraña filosofía:
-- El mal es la negación del todo...
No me pareció tan extraño lo que me dijo. El Maligno puede ser el nihilismo total, la negatividad de todo, el NO, el NO-PUEDE-SER o el NO-SERÁ constantemente pronunciado.
El mal impide el humanismo, deshumaniza al hombre paralizando el desarrollo de su espíritu. Niega cualquier proyecto, cualquier esperanza, cualquier futuro. Es el cerrojo del almario.
No es una creencia ni un caso clínico o biológico. Es una actitud, un comportamiento ante la vida: la negatividad ante lo positivo, ante lo humano, ante la emoción, ante el sentimiento enriquecedor, ante la esperanza que fortalece, ante el afán de aprender... Es la pasividad ante la desgracia, la insolidaridad, la dureza de espíritu. El Maligno existe en la insensibilidad, en el desprecio sin justificación, en la soberbia y en el rechazo a la vida misma. El bandolero lo describe muy gráficamente:
--Es el hombre cuando se ríe insensible de la desgracia ajena. Está ahí y no hacen falta infiernos para encontrarlo. Está siempre cerca de nosotros. Y ése es el momento de rezar, para quien sepa. O el de la superstición. Cualquier remedio que logre arrancar el Mal del ser humano para dejar sitio al optimismo y la esperanza.
Acaso ¿es la esperanza la única arma contra el Maligno?...

Cocinerías



Una receta: LASAÑA LIGERA

Te hace falta un calabacín, medio paquete de espinacas congeladas, una tarrina de queso ligth de untar, piñones, pasas de Corinto, nuez moscada, sal y pimienta.
Corta finas rodajas de berenjena o calabacín, ponlas en la plancha caliente y retíralas a medio hacer. Mientras tanto haz el relleno con espinacas cocidas y desmenuzadas, piñones machacados mezclados con queso ligth, pasas de Corinto ablandadas en remojo y un poco de nuez moscada. Coloca una capa de rodajas de calabacín, otra de relleno, otra de calabacín y otra de relleno, terminando con una capa de la verdura. Espolvorea de queso rallado y hornéalo unos 15 minutos, hasta que el queso esté dorado. Si quieres hacerla "menos ligth" cúbrela de besamel y unas bolitas pequeñas de mantequilla y hornéala hasta que se dore.