lunes, 12 de mayo de 2008

Historias del bandolero



Nombres y cosas

La vida va cambiando los conceptos. Cambias nombres, definiciones. Es como la destrucción del nominalismo medieval, que veía las cosas materializadas en sus nombres y lo innominado no existía. La realidad del espíritu nuevo puede también acabar con el materialismo, como diluyó en el transcurrir del tiempo el nominalismo. Y puede ser ese espíritu nuevo el que nos empuja a la investigación, a la búsqueda, como a la superstición nos arroja la esperanza de un futuro nuevo, diferente de lo que intuimos.
--A la búsqueda sólo nos empuja la necesidad. Déjate de filosofías.
El bandolero nunca se sumerge en reflexiones filosóficas. Pero yo sigo segura de que la necesidad interior es la que nos lleva por el sendero de la búsqueda. Es el hambre del espíritu, ávido de conocimiento.
--Yo ya sé todo lo que tengo que saber para sobrevivir...
El sabe que no hay que oler la jara , conoce la mandrágora, sabe encontrar agua en los cactus...
--Y ¿para qué quiero saber más?.
No sé cómo hacerle entender que, a veces, el alma también tiene hambre y sed. Que necesita continuar la búsqueda de algo etéreo, el conocimiento que nunca sacia. Él está en otra dimensión y a lo mejor sólo se encuentra esa sabiduría cuando ya no seamos materia y hayamos conocido ese mundo más allá de lo material.
--Siempre somos materia. Carne y sangre y víscera. Y luego abono y ceniza... No hay más.
He emplazado al bandolero a una apuesta insólita. A volver de esa otra dimensión en la que está inmerso, si es que existe, para reconocer su error mientras su carne, su sangre y sus vísceras abonan la tierra que le acoge, que nos ha de acoger a todos...
Mientras tanto, seguimos la búsqueda de la respuesta a los enigmas, cambiamos los conceptos y acabamos tropezando con los "por qués". Pero él, cuando no encuentra una respuesta, mira las estrellas y sólo se hace una pregunta que tampoco tiene respuesta por el momento.
-- ¿Hasta dónde llegará el Universo?... ¿Lo sabremos alguna vez?.



Humor en la red


La siguiente pregunta fue hecha en un examen trimestral de química en la
Universidad Complutense de Madrid. La respuesta de uno de los estudiantes
fue tan sorprendente que el profesor la publicó en Internet.



Pregunta: ¿Es el Infierno exotérmico (desprende calor) o endotérmico (lo absorbe)?

La mayoría de estudiantes escribieron sus comentarios sobre la Ley de Boyle

(el gas se enfría cuando se expande y se calienta cuando se comprime). Un estudiante, sin embargo, escribió lo siguiente:
'En primer lugar, necesitamos saber en qué medida la masa total del Infierno varía con el tiempo. Para ello hemos de saber a qué ritmo entran las almas en el
Infierno y a qué ritmo salen. Tengo sin embargo entendido que, una vez
dentro del Infierno, las almas ya no salen de él. Por lo tanto, no se
producen salidas. En cuanto a cuántas almas entran, veamos lo que dicen las
diferentes religiones: la mayoría de ellas declaran que si no perteneces a
ellas, irás al Infierno. Dado que hay más de una religión que así se
expresa y dado que la gente no pertenece a más de una, podemos concluir
que todas las almas van al Infierno. Con las tasas de nacimientos y muertes existentes, podemos deducir que el número de almas en el Infierno crece de forma exponencial.
Veamos ahora cómo varía el volumen del Infierno: según la Ley de Boyle,
para que la temperatura y la presión del Infierno se mantengan estables, el
volumen debe expandirse en proporción a la entrada de almas. Hay dos
posibilidades:
1. - Si el Infierno se expande a una velocidad menor que la de entrada de
almas, la temperatura y la presión en el Infierno se incrementarán hasta
que éste se desintegre.
2. - Si el Infierno se expande a una velocidad mayor que la de la entrada de
almas, la temperatura y la presión disminuirán hasta que el Infierno se
congele.
¿Qué posibilidad es la verdadera? Si aceptamos lo que me dijo Eva en mi
primer año de carrera ('hará frío en el Infierno antes de que me acueste
contigo'), y teniendo en cuenta que me acosté con ella ayer noche,
la posibilidad número 2 es la verdadera y por tanto daremos como cierto que
el Infierno es exotérmico y que ya está congelado. El corolario de esta

teoría es que, dado que el Infierno ya está congelado, ya no acepta más

almas y está, por tanto, extinguido; dejando al Cielo como única prueba de
la existencia de un ser divino, lo que explica por qué, anoche, Eva no
paraba de gritar '¡Oh, Dios mío! '.

Fue el único que sacó sobresaliente.