lunes, 2 de junio de 2008

Sal o pimienta


Desodorantes inmorales

En Turquía se ha prohibido a las mujeres utilizar fragancias de cualquier clase para no provocar a los hombres. Y no deberán nunca permanecer a solas en una estancia con un hombre que no sea su marido, ni aunque sea un despacho laboral. Esto último se consideraría un "flirteo" que llevará a acusar a la hembra en cuestión de adúltera.

Éstos son algunos de los preceptos de la Dirección de Asuntos Religiosos de Turquía, la Diyanet, máxima autoridad en materia religiosa que depende del Ministerio de la Presidencia. Y los ha publicado en su página web.

El texto se asemeja más a los antiguos catecismos de las escuelas católicas del franquismo que a una normativa política, y en él se dispone, por ejemplo, que "las mujeres deben ser más cuidadosas que los hombres, porque tienen estimulantes (sexuales se entiende)". O sea, las hembras animales desprenden feromonas que estimulan a los machos en época de celo. Pero para los turcos no hay época de celo, sino celo permanente durante el que se estimulan con sólo oler a un mujer recién lavada con jabón de olor...

Las creyentes "no deben mostrar sus adornos ni su figura y tienen que cubrirse de manera apropiada". Es decir, no pueden llevar exteriormente collares, ni pulseras, ni pendientes, ni recuerdos o dijes porque todo sería considerado un adorno. Ni siquiera un broche que sujete el chador. Y, por supuesto, la vestimenta tiene que ser sin ceñir, porque una cintura marcada podría provocar a los hombres.

Además "no pueden estar a solas con un hombre en lugares cerrados, a no ser se hayan desposado". Es bastante difìcil hacerlo con los compañeros de trabajo, por lo que los turcos consiguen así que su mujer se quede en casa, no desarrolle su profesión laboral y no quite puestos de trabajo a los varones. Ni que decir tiene que las feministas y las profesionales ya han puesto el grito en el cielo, advirtiendo que estas normas acrecientan las diferencias de género discriminando a las mujeres y justificando la violencia contra ellas. En estos momentos, un tercio de las mujeres turcas sufren violencia doméstica, según Amnistía Internacional.

Una joven universitaria de 23 años, Betul Kelebek, ha relatado a la corresponsal de "El Mundo" Carla de la Vega, que nunca utiliza colonia y que lo único que usa es desodorante sin olor, porque "no quiere provocar a nadie". "Es mi forma de demostrar modestia", dice convencida de su actitud. Betul añade que siempre evita subir en ascensores con hombres; prefiere esperar a subir en el siguiente o hacerlo por las escaleras.

La prensa turca ya ha advertido del primitivismo de estas imposiciones, y el "Turkish Daily News" se pregunta si esta actitud de los radicales turcos son tan diferentes de la de los talibanes que cubren a sus mujeres con el burka.

Lo triste de todo esto es que Turquía se considera un país moderno y aspira a entrar en la Union Europea, donde tendría más poder y diputados que Italia, España o Francia, en función de su población. Y ahí se provocaría un problema...

Las mujeres occidentales podemos enorgullecernos de nuestras parejas. Nuestros hombres saben contenerse y no suelen ir excitados por la calle, como para que un collar o un olor a jabón les provoque un inmediata necesidad de desfogue sexual como los turcos, según parece.

O sea, que puede ocurrir que cuando Turquía entre en la UE, y los turcos puedan moverse con total libertad dentro del espacio comunitario, las mujeres podamos ser asaltadas en las calles por hombres sexualmente excitados a causa de los collares que llevamos de adorno o del olor de nuestro desodorante. O que las periodistas no puedan emitir un informativo en TV con un compañero en el estudio, porque el jefe turco ha impuesto unas normas en la empresa. O que una estupenda profesional turca no pueda acceder a un puesto de trabajo porque su padre o marido le prohibe estar en un despacho con otros hombres...

¡Dios mío!... ¡Inshalah!... Las contradicciones y problemas que puede provocar la Alianza de Civilizaciones y la inacabable ampliación de la UE... Uno de ellos, que Turquía entre en la Comunidad Europea con estos atavismos religiosos...

Horas después de escribir este artículo encontré esta noticia en la Red, verdaderamente preocupante:

http://blogs.periodistadigital.com/tizas.php/2008/05/31/lex-van-drooge-islam-avion-asiento-velo-5678





Curiosidades de la Historia


* Mayo, mes de las bodas.
Mayo ha sido generalmente el mes de las bodas en todo el mundo. La costumbre tiene un origen. En la Edad Media, con la primavera venía la necesidad de tomar el primer baño del año que se llevaba a cabo durante el mes de mayo. Así, este mes el olor de las personas era tolerable según los días que hubieran transcurrido desde las abluciones. Por esta razón, las bodas solían celebrarse poco después del primer baño, para que los novios no apestasen por la falta de limpieza. Las novias, de todos modos, llevaban ramos y diademas de flores para disimular el olor a sudor o de la menstruación, si hacía ya semanas que se habían bañado. De ahí la fecha para las bodas y la tradición del ramo de novia.

* Los baños por orden,
Como de baños estamos hablando, pues ampliamos el anecdotario. Los baños se tomaban en una bañera enorme llena de agua caliente. El primero en bañarse era el padre de familia. Tras él los demás hombres de la casa por orden de edad. Luego las mujeres, también por orden de edad y, finalmente, los niños que eran bañados en un agua espesa y marrón, ensuciada por todos los bañistas anteriores.

* ¿Por qué los velatorios?.
Pues para comprobar que el muerto estaba muerto y no en estado cataléptico. Antiguamente, ciertos alimentos y alcoholes oxidaban los materiales en que se comía y bebía, por ejemplo el tomate (que por eso fue considerado tóxico durante muchos años) o el estaño de las jarras que en contacto con la bebida podía envenenar. Así, cuando alguien caía redondo al suelo, por efecto del envenenamiento o de la borrachera, se le introducía en casa, se le colocaba encima de la mesa de la cocina y se esperaba a que despertase mientras la familia hacía su vida normal alrededor del inmóvil cuerpo. Si con el tiempo despertaba, se le echaba de casa después de darle de comer. Si, por el contrario, el individuo había muerto se avisaba al cura y al médico cuando se el cuerpo en cuestión empezaba a hincharse. Desde entonces, y por la frecuencia de ataques catalépticos o narcolépsicos que se producían, para no enterrar vivo a nadie se vigilaban los cuerpos durante 24 horas o 48 horas.

* Salvado por la campana.
La frase no viene del deporte del boxeo, como se cree habitualmente. En la Edad Media, precisamente por culpa de la catalepsia, se enterraba a muchas personas aparentemente muertas, pero que despertaban luego en el ataúd. Como los féretros se aprovechaban de un muerto para otro, cuando un cadáver debía ser enterrado se vaciaba el ataúd más antiguo y los huesos se vertían en un osario., para meter el cadáver nuevo. Y a veces se comprobaba que la parte interior de la tapa del ataúd estaba arañada, señal de que el enterrado estaba vivo. Para evitar estos fallos, al cerrar el ataúd se ataba a la muñeca del difunto una cuerda larga, que salía a la superficie y se ataba a una campanilla. Si el individuo enterrado se despertaba, tiraba insistentemente de la cuerda para sonase la campanilla. Para más efectividad, tras su entierro una persona permanecía unos días junto a la tumba, por si sonaba la campana. De ahí la expresión.