martes, 8 de mayo de 2007
Hola, forastero:
Se acercan las elecciones y la campaña electoral ya está cocida. Sé que tú, treintañero, tienes las cosas claras y el coco bien amueblado. Y precisamente por eso te estás planteando si votar o no. "Para lo que sirve..." dices. Y estás en la encrucijada. Tú, que fuiste de los últimos en jugar a las chapas y las canicas y de los primeros en jugar a la consola, en ir al parque de atracciones y en ver en la TV los dibujos animados en color, estás entre dos aguas. Ni eres de los nihilistas de "Historias del Kronen" ( una de las novelas más embusteras sobre la juventud de la época) ni eres hijo de nostálgicos. No viviste el franquismo ni te acuerdas de la transición porque, tú, en aquella época llorabas con Chanquete, te cabreabas con la invisible madre de Marco y odiabas a la señorita Rottenmeyer mientras Heidi salltaba cual cabrita por la montaña. No nos hagáis caso a los cincuentones que os contamos historias de antes de nacer, como si nunca hubieráis vivido un momento histórico. Porque sé que habéis vivido el terrorismo e Irene Villa es de vuestra generación, habeis visto caer el muro de Berlín, habéis vivido la guerra de Bosnia. Habéis visto cambiar media Europa al desaparecer aquella recosida URSS que os trastocado toda la geografía que estudiasteis. Y habéis vivido uno de los momentos más trascendentales de nuestra época: el 11-S y la destrucción del emblema financiero de Nueva York. Así que yo sé que sí has vivido momentos históricos. Los de tu época, no los de la nuestra. Plantéate de verdad qué es lo que debes hacer y participa en la creación de un futuro. El voto sí sirve para algo. Los franceses, que lo sabían, le han dado la vuelta al país en unas horas. Porque, además, lo tenían muy claro. Eso sí, tenían dos candidatos que habían explicado muy claramente, y con elegancia, sus programas electorales.
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