lunes, 22 de septiembre de 2008

Sal o pimienta







¡POBRES NIÑATOS RICOS!


Me ha llamado la atención un reportaje publicado estos días sobre el matrimonio Thyssen, esa pareja formada por un armario ropero como portero de discoteca y tatuado como un presidiario, una 'chica' que se empeña en enseñar piernas, escote y todo lo que pueda enseñar y su hijo de pocos meses. Ambos aparecen en el amplio reportaje gráfico con un único calzado: unas chancletas de plástico, que al parecer llevan clavadas a los pies, ya deformados por este tipo de no-calzado. Enseñan su casa ibicenca con maravillosas vistas del Mediterráneo y habitaciones de una amplitud insultante: sólo en el salón se podría acomodar un apartamento con dos dormitorios y demás. Y la habitación del niño es tan exageradamente grande, que seguramente la criatura podrá aprender a andar sin salir de sus aposentos...

Y sólo he podido exclamar para mis adentros: ¡¡pobres niñatos ricos!!. En el reportaje presumen de que su hijo vivirá todo lo que vivan ellos. Y con esa filosofía ya lo han llevado a Nueva York, Florencia, Madrid, Barcelona, Ibiza y no sé cuántos sitios más. Y, con siete meses, ha viajado, la criatura, en avión, en moto, en coche, en AVE, en yate y en fueraborda... Creemos que sólo le falta viajar en globo.
En el reportaje también se cuenta que a ella, a la chica Thyssen, le dio una pericarditis y su marido corrió a poner un avión privado al cardiólogo que atendió a su padre, para que fuera a curarla a Ibiza sin excusas. Y justifica orgulloso: "Para estas cosas vale la pena ser rico"... Lo dejamos así en puntos suspensivos y que cada cual reflexione.

A mí todo esto me sugiere varias reflexiones: ¿leerá esta pareja algún libro alguna vez?. En su casa no aparece un sólo libro, ni una simple revista ni tan siquiera esos libros mamotretos de arte que se colocan de adorno en las amplias mesas de centro y que no se ojean jamás. Ellos se justificarán diciendo que, si no leen, ¿para que ser hipócritas y fingir?.
La decoración es sublime: en la cocina, donde jamás se ha cocinado, se ha acomodado un comedor para doce personas y objetos decorativos sumamente sencillos: una moto Harley-Davidson de color amarillo, que pertenece a la colección de motos de Borja Thyssen. Suponemos que, como no tendrá sitio para guardarlas, las aprovecha para decorar. Y en el salón, amplio como un piso antiguo, no hay sofás sino composiciones de cojines geométricos bien repartidos, de dos metros por dos metros, donde uno puede dejarse caer sin miedo y sobre los que también puede andar de un lado a otro del salón dando saltos como en una cama elástica. ¿Estará esta pareja permanente acostada?.

Lo más triste de todo esto es que la pareja quiere ¿educar? a su hijo tal y como viven y a su manera. Sin libros, sin cultura, sin trabajo, sin enseñarle el valor del dinero y del esfuerzo y vagueando todo el año (de "vacaciones" en Ibiza o en Barcelona o en Italia, siempre en vacaciones). Pero no hablan de ayudar a los demás, de enseñarle solidaridad, de que adquiera cultura, de que conozca el esfuerzo del trabajo, de enseñarle lo que es un mecenazgo, de crear una fundacion solidaria... Ellos sí pueden...

Lo sorprendente es que este chico en chancletas y tatuado como un presidiario es el dueño de una de las colecciones de arte más fabulosas del mundo y heredero de parte de otra. Y gracias a su sensibilidad artística y su sociabilidad, se negó a recoger el diploma que le acreditaba como académico de Bellas Artes de San Fernando. Lo recogió su madre, porque él estaba de vacaciones. Lo habían elegido creyendo que era un mecenas serio y un coleccionista enamorado del arte...

La verdad es que no me dan lástima los chicos Thyssen de chancletas. Me dan un poco de asco...



1 comentarios:

maría dijo...

Y el nombre del mañaco más pijo no puede ser.

P.D.: Y yo matándome a estudiar la carrera que me está costando Dios y ayuda acabarla y estos dos de campo y playa los 365 días del año. Si es que el mundo está muy mal repartido.