jueves, 23 de abril de 2009

Sal o pimienta


CORSARIOS DEL SIGLO XXI

Navegar por el Golfo de Adén se hace cada vez peligroso. Los secuestros de los buques comerciales por parte de lanchas piratas son cada vez más numerosos , hasta el punto de obligar a Europa y a la OTAN a formar un ejército de buques de guerra para luchar contra ellos.
Se sabe que estos nuevos corsarios suman alrededor de 1.500 y sólo obedecen a los Señores de la Guerra de Somalia. Están organizados en cinco grupos dependientes de los cinco clanes más poderosos de Somalia. Como, antaño, los piratas de todos los mares dependían secretamente del Rey de Inglaterra...
Desde enero a abril, los piratas somalíes han secuestrado 66 buques, 25 más que en el 2007, por los que han obtenido, aproximadamente, más de 80 millones de dólares. Cifra difícil de precisar, porque las víctimas no suelen reconocer el pago del rescate. Se sabe que, de este dinero, el 33% se queda en manos de los piratas, el 20% se invierte en modernizar las armas, munición, radares y combustible. Y el resto se lo reparten los Señores de la Guerra somalíes. De momento no se ha demostrado que sean terroristas ni asesinos. Ningúno de sus rehenes ha muerto en estas acciones piratas. Tan solo se mueven por dinero...

Los países occidentales han demostrada una limitada eficacia al desplegar hasta aquellas aguas buques de guerra. Ni siquiera los Marines de EEUU, cuerpo que se creó precisamente hace 200 años para luchar contra los corsarios bereberes. Cuatro piratas en un bote motorizado tuvieron en jaque 5 días a tres buques de guerra norteamericanos. Esta Armada desplegada en la zona empieza a plantearse que la única solución para acabar con los piratas es bombardear los puntos costeros somalíes de los que salen los secuestradores. Lo EEUU se negaron a pagar el rescate pedido por el capitán del "Maersk Alabama" y además exigieron la detención de los secuestradores, petición completamente inútil: los negociadores eran un grupo de ancianos de la ciudad costera de Gara'ad, sin autoridad ni medios para detenerlos o entregarlos... La única solución para acabar con esta situación parece la militar, en alta mar o en tierra, con bombardeos sobre las lanchas piratas o sobre los refugios de la costa. Pero nadie se atreve a poner el cascabel al gato, al menos mientras no ocurra una catástrofe.
La historia de esta situación viene de lejos. Desde hace más de 30 años, los bancos de pesca del Golfo de Adén y de las aguas somalíes, en especial, han sido esquilmados por flotas extranjeras. Y desde 1990 estas aguas empezaron, también, a ser destino de deshechos tóxicos europeos y americanos. Para defenderse, los pesqueros de Somalia, país sin estado ni fuerzas navales y gobernado por los diferentes clanes, empezaron a armarse para repeler a los buques extranjeros. Y comprobaron lo fácil que era hacerse con barcos occidentales desarmados y cobrar un rescate por ellos. Y visto el negocio, entraron en él los temidos Señores de la Guerra.Lo demás es ya conocido y sufrido por todos.
Pero, mientras nos preguntamos por qué no actúan ya los buques de guerra para evitar esta bochornosa situación para Occidente, acabando con los piratas, sus embarcaciones y sus refugios costeros, debemos también reflexionar en la cantidad de situaciones de rebeldía que los occidentales estamos provocando en el Tercer Mundo, donde no hemos podido o querido paliar las hambrunas y la tiranía de los caciques armados hasta los dientes gracias, precisamente, al dinero que envían los países occidentales para acallar sus conciencias y cuyo destino no pueden o no quieren controlar...
La Historia se está reescribiendo de forma poco grata para Occidente...

3 comentarios:

Palmiro dijo...

Me descubro, MEG. A esto se le llama periodismo con contexto, eso justo que hoy tanto nos falta en el mundo donde todo es simultáneo, urgente, volátil, perecedero. Ese periodismo de emociones en que siempre hay una sensación nueva que tapa la del penúltimo minuto.

Meg dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Meg dijo...

Para eso está Internet, Palmiro, afortunadamente. Para lanzar de vez en cuando un lamento al aire y, a pocos que lo escuchen, habrá cumplido su misión.

Y gracias por tu elogio. Me anima a seguir.