Una receta: CONEJO A LAS HIERBAS
Necesitas un conejo troceado, una rama grande de laurel, dos ramas de canela enteras , pimienta blanca en grano , un vaso grande de vino blanco (o tinto si te gusta más), una ramita de tomillo (o tomillo en polvo si no tienes fresco), media cebolla, dos dientes de ajo, un tomate muy maduro, aceite de oliva, una pastilla de caldo concentrado y sal.
Haz un sofrito con la cebolla, los ajos pelados y cortados a la mitad y el tomate. Cuando se haya dorado la cebolla añade una cucharada de harina para que espese la salsa. Rehoga en este sofrito el conejo. Cuando esté medio dorado, añade un vaso de agua, el vaso de vino, la pastilla de caldo, el tomillo, la rama de laurel y las de canela. Déjalo cocer unos tres cuartos de hora a fuego medio. Corrige de sal si hiciera falta y déjalo reposar unos 15 minutos. Sírvelo en una bandeja honda con toda su salsa y el laurel adornando los laterales. Si sirves aparte arroz blanco, es plato único.
sábado, 1 de septiembre de 2007
Conversaciones con el bandolero
El bandolero no entiende de asesinatos por codicia ni por envidia ni la violencia del ensañamiento. Su código de honor no admite la violación ni la violencia porque sí.
- Yo sólo he matado en defensa propia, por defender mi libertad o por hambre. Y nunca he robado: sólo he intentado tomar lo que a otros les sobraba y yo necesitaba y lo necesitaban los demás... Era cuestión de sobrevivir o morir...
No entiende el terrorismo, que siembra la muerte indiscriminada contra todo ser humano en aras de unos ideales trasnochados, hoy inexistentes.
- Los ideales no valen. No han valido nunca más que para justificar asesinatos masivos, genocidios y guerras inaceptables. Y las revoluciones se han hecho por hambre, no por ideales...
Hay muchas cosas en esta sociedad nuestra que él no entiende y muchos comportamientos que su conciencia no admite. Y está convencido de que los muertos, tarde o temprano, vuelven para vengarse.
El bandolero tiene su propio código de honor... que no conocen los facinerosos de hoy.
- Yo sólo he matado en defensa propia, por defender mi libertad o por hambre. Y nunca he robado: sólo he intentado tomar lo que a otros les sobraba y yo necesitaba y lo necesitaban los demás... Era cuestión de sobrevivir o morir...
No entiende el terrorismo, que siembra la muerte indiscriminada contra todo ser humano en aras de unos ideales trasnochados, hoy inexistentes.
- Los ideales no valen. No han valido nunca más que para justificar asesinatos masivos, genocidios y guerras inaceptables. Y las revoluciones se han hecho por hambre, no por ideales...
Hay muchas cosas en esta sociedad nuestra que él no entiende y muchos comportamientos que su conciencia no admite. Y está convencido de que los muertos, tarde o temprano, vuelven para vengarse.
El bandolero tiene su propio código de honor... que no conocen los facinerosos de hoy.
Etiquetas:
Historias del bandolero
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