Una receta: LOMO A LA NARANJA
Necesitas un trozo de lomo de cerdo entero, dos naranjas, azúcar, dos copas de vino dulce, clavos de especia, sal, pimienta y mantequilla.
Salpimentar el lomo por todas partes y untarlo de mantequilla. Luego rebózalo bien en azúcar. Colócalo sobre una fuente de horno, y clávale unos clavos por toda la superficie. Exprime las dos naranjas y riega con el zumo la carne. Haz lo mismo con el vido dulce. Pela las pieles de las naranjas, quitándoles la telilla blanca interior, y luego corta en tiras muy finas el resto de la cáscara. Espárcela por la superficie de la carne y distribúyela flotando en la mezcla de zumo y vino dulce. Introdúcela en el horno previamente calentado a 200º y dejar hacer a 160º durante una hora, más o menos. Cuando el cuchillo entre en la carne fácilmente hasta el fondo, estará en su punto. Riega el lomo con la salsa, de vez en cuando, durante la cochura.
martes, 4 de septiembre de 2007
Conversaciones con el bandolero
Nadie se acostumbra a la soledad. El bandolero, a veces, baja del mundo buscando la compañía urbana y recorre los soportales de la villa mezclado en una muchedumbre ciega y apresurada que no siempre sabe dónde va... Cuando se sumerge en esa marejada humana, le da el vértigo como si estuviera en un carrusel que nunca se detiene. Mira, entonces, a los urbanitas desde una esquina e intenta contener su desprecio por esa multitud siempre angustiada por la prisa, que no saber el cielo.
A veces siente la necesidad de gritarles, s´ñalarles el árbol asfixiado del bulevar o el multicolor escaparate de una floristería... Pero están ciegos. Entonces decide perderse en el parque donde las ardillas han perdido el miedo al hombre y cruzan el paseo acaparando nueces.
El bandido se sienta en un banco de madera, junto a un anciano que alimenta palomas blancas. Cuando, satisfechas, emprenden el vuelo, el viejo se ve despojado de repente de su objetivo, de su motivo para estar en el parque. Fija su vista en el bandolero.
- Aquí, perdiendo el tiempo de mi jubilación. Ya ve...
El bandolero le sonríe, convencido de que quienes pierden el tiempo son los cretinos que, al otro lado de la verja del parque, cruzan la ciudad sin verla, rebasan los comercios sin mirarlos y se protegen del sol para no sudar sus camisas recién planchadas y sus estirados trajes de grandes almacenes. Son los mismos que acortan su camino, atajando por el parque, sin percibir el olor de la hierba, sin ver los árboles en otoño y arrollando a las ardillas enfrascadas en atesorar nueces...
El bandolero se limpia el sudor con la manga de su camisa arrugada y pone su mano sobre el hombre del anciano, que rebusca en sus bolsillos migas de pan y cacahuetes rancios para ver si vuelven las palomas...
A veces siente la necesidad de gritarles, s´ñalarles el árbol asfixiado del bulevar o el multicolor escaparate de una floristería... Pero están ciegos. Entonces decide perderse en el parque donde las ardillas han perdido el miedo al hombre y cruzan el paseo acaparando nueces.
El bandido se sienta en un banco de madera, junto a un anciano que alimenta palomas blancas. Cuando, satisfechas, emprenden el vuelo, el viejo se ve despojado de repente de su objetivo, de su motivo para estar en el parque. Fija su vista en el bandolero.
- Aquí, perdiendo el tiempo de mi jubilación. Ya ve...
El bandolero le sonríe, convencido de que quienes pierden el tiempo son los cretinos que, al otro lado de la verja del parque, cruzan la ciudad sin verla, rebasan los comercios sin mirarlos y se protegen del sol para no sudar sus camisas recién planchadas y sus estirados trajes de grandes almacenes. Son los mismos que acortan su camino, atajando por el parque, sin percibir el olor de la hierba, sin ver los árboles en otoño y arrollando a las ardillas enfrascadas en atesorar nueces...
El bandolero se limpia el sudor con la manga de su camisa arrugada y pone su mano sobre el hombre del anciano, que rebusca en sus bolsillos migas de pan y cacahuetes rancios para ver si vuelven las palomas...
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Trucos para la casa:
* Cuando un mueble de madera clara se te ha oscurecido, limpíalo con un paño empapado en lejía diluida en agua. Hazlo durante dos o tres días y verás cómo recupera su color. Finalmente, barniza.
* Cuando se te ha acabado el detergente, puedes limpiar el inodoro y los demás sanitarios con vinagre frotando con el estropajo habitual. Luego aclara bien con agua.
* Si tienes parqué de tablillas contrapuestas y se ha saltado alguna, inyecta por las ranuras despegadas pegamento con una jeringuilla o con la boquilla del mismo tubo y sujeta bien un momento la tablilla suelta. Verás como no se vuelve a salir.
* Cuando te haya sobrado un poco de cerveza o de vino en el vaso, échaselo a las plantas y verás cómo cobran más alegría.
* Si tienes libros antiguos encuadernados en piel y la ves muy ajada, frótalos con una gamuza impregnada de cera para los muebles. Cobrarán brillo y la piel se verá menos reseca.
* Cuando un mueble de madera clara se te ha oscurecido, limpíalo con un paño empapado en lejía diluida en agua. Hazlo durante dos o tres días y verás cómo recupera su color. Finalmente, barniza.
* Cuando se te ha acabado el detergente, puedes limpiar el inodoro y los demás sanitarios con vinagre frotando con el estropajo habitual. Luego aclara bien con agua.
* Si tienes parqué de tablillas contrapuestas y se ha saltado alguna, inyecta por las ranuras despegadas pegamento con una jeringuilla o con la boquilla del mismo tubo y sujeta bien un momento la tablilla suelta. Verás como no se vuelve a salir.
* Cuando te haya sobrado un poco de cerveza o de vino en el vaso, échaselo a las plantas y verás cómo cobran más alegría.
* Si tienes libros antiguos encuadernados en piel y la ves muy ajada, frótalos con una gamuza impregnada de cera para los muebles. Cobrarán brillo y la piel se verá menos reseca.
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