Trucos para la casa
* Si se te ha acabado el limpiador de la vitrocerámica y no tienes más, utiliza pasta de dientes utilizándola igual que el limpiador habitual. Ya verás los resultados.
* Te aconsejamos un sistema para guardar ordenados los juegos de cama, que siempre acaban descolocados. Estira uno de los almohadones e introduce en él el resto del juego plegado al tamaño del cobertor. Así los tendrás guardados en una sola pieza y los guardarás más ordenadamente.
* Para planchar las corbatas y que no se te quede la marca de la costura interior, introduce un cartón cortado, más o menos, en triángulo del mismo tamaño de la corbata e introdúcelo en el interior. Plancha la corbata sin cuidado porque quedará impecable.
* Para quitar el olor a cerrado que tienen las cajas de plástico donde guardas mantas, juguetes o comida (en los más pequeños), introduce en ellos hojas de periódico cortadas y déjalas toda la noche en el recipiente bien cerrado. A la mañana siguiente no tendrán olor alguno.
jueves, 18 de octubre de 2007
Historias del bandolero
El olor de la lluvia
Llueve. Llueve al fin, la tierra reseca bebe ávidamente y las calles de la ciudad se limpian de contaminación. En el monte la lluvia es diferente. La humedad invade las cuevas y cala los huesos. La manta del bandolero se humedece, el pan se vuelve correoso y los botos duros y curtidos no calientan los pies. Pero nada de esto importa al bandido. Él cree que la lluvia es purificadora porque lava las piedras y los cuerpos, limpia las conciencias y disuelve las lágrimas al curioso impertinente...
Llueve. El paisaje cambia, hendido de verde, y se perfume con aroma de tierra mojada. A veces, satura e hincha los árboles y los arroyos se desbordan en torrentes. Entonces, el agua incontenida puede llevarse vidas y haciendas hasta más allá del horizonte.
Dice el bandolero que, a pesar de todo, el agua es buena, que tiene que llover y llover, porque el agua purifica mejor que el fuego y duele menos, hace crecer la hierba y reverdecer los olivos y los pinsapos. Y perfuma el monte. Luego el bandido mira la luna, observa los pájaros y huele los acebuches. Y, al final, lo digiere todo y sentencia...
- Mañana llueve otra vez...
Y se sube a lo alto de la cueva con su manta y su alforja y se hace una alfombra de papel viejo. Abre las aletas de la nariz para gozar el aroma de la tierra mojada...
El río se crece y pasa llevándose instantes de la vida que ya no volverán...
- Nunca es el mismo río. Y nosotros tampoco somos los mismos de un momento a otro. El agua que has visto mientras te hablo, no es la misma que ves ahora mismo cuando he dicho cuatro palabras más. Han transcurrido miles de gotas de agua y nosotros hemos vivido un instante más... El agua corre y corre... Sigue lloviendo y nosotros somos un poco más viejos que antes..
Como la tierra misma. Como el universo...
Llueve. Llueve al fin, la tierra reseca bebe ávidamente y las calles de la ciudad se limpian de contaminación. En el monte la lluvia es diferente. La humedad invade las cuevas y cala los huesos. La manta del bandolero se humedece, el pan se vuelve correoso y los botos duros y curtidos no calientan los pies. Pero nada de esto importa al bandido. Él cree que la lluvia es purificadora porque lava las piedras y los cuerpos, limpia las conciencias y disuelve las lágrimas al curioso impertinente...
Llueve. El paisaje cambia, hendido de verde, y se perfume con aroma de tierra mojada. A veces, satura e hincha los árboles y los arroyos se desbordan en torrentes. Entonces, el agua incontenida puede llevarse vidas y haciendas hasta más allá del horizonte.
Dice el bandolero que, a pesar de todo, el agua es buena, que tiene que llover y llover, porque el agua purifica mejor que el fuego y duele menos, hace crecer la hierba y reverdecer los olivos y los pinsapos. Y perfuma el monte. Luego el bandido mira la luna, observa los pájaros y huele los acebuches. Y, al final, lo digiere todo y sentencia...
- Mañana llueve otra vez...
Y se sube a lo alto de la cueva con su manta y su alforja y se hace una alfombra de papel viejo. Abre las aletas de la nariz para gozar el aroma de la tierra mojada...
El río se crece y pasa llevándose instantes de la vida que ya no volverán...
- Nunca es el mismo río. Y nosotros tampoco somos los mismos de un momento a otro. El agua que has visto mientras te hablo, no es la misma que ves ahora mismo cuando he dicho cuatro palabras más. Han transcurrido miles de gotas de agua y nosotros hemos vivido un instante más... El agua corre y corre... Sigue lloviendo y nosotros somos un poco más viejos que antes..
Como la tierra misma. Como el universo...
Etiquetas:
Historias del bandolero
Denuncia
Más anuncios estúpidos de TV
Y no escarmientan. Por más críticas que reciben los publicistas, cada día se superan con ideas a cual más estupida. He aquí algunos ejemplos:
* Una chica haciendo gilipolleces ante su futuro suegro, o ante un dependiente de supermercado, mientras canta una jerga indescriptible (algo así como 'chuanbang, chuanbang') para anunciar algo de perfumería. Creemos que es un desodorante.
* Un anuncio de coches en el que el propietario de uno de ellos confunde los colores y asegura que su coche es de un color diferente del que aparece en el anuncio. Ignoramos qué quiere decirnos.
* El anuncio de unos grandes almacenes suecos de muebles, irritante hasta la exasperación con una canción que repite machaconamente "eso no se hace, eso no se hace". (En cambio, hemos de reconocer que la anterior campaña basada en la "república de tu casa" fue acertada).
* Los anuncios de la DGT se llevan algunos trofeos al más estúpido: los más dictatoriales, insoportables. Los paternales, infumables. Y los que quieren imponerte el cinturón por tus c..., inadmisibles. Te dan ganas de desobedecer sólo por llevarles la contraria.
* Un tío con una barba verde, que asegura que antes era el 'number one' en algo, creemos que en poseer un móvil porque no entendemos muy bien el mensaje, y que ahora quiere seguir siéndolo y entonces se tiñe la barba de verde. (?)
* La mayoría de productos de limpieza para la casa presentan escenarios en los que no viviría un mendigo. Baños llenos de amarillento, grifos con verdín, encimeras totalmente intocables por su suciedad, suelos ennegrecidos para los que el limpiador en cuestión -dice el anuncio- es mano de santo. Mentira. Eso no lo limpia ni un balde de lejía. Y por no mencionar encimeras que son pistas de carreras para cucarachas o para restos que lame cualquier gato. ¿Hay alguien que tenga su casa así?. Si lo hay, no necesita un limpiador sino una sesión de psicoterapia...
Advertimos. Hay muchos más. Y en las revistas -sobre todo las dedicadas a las mujeres con más de 80 páginas- hay un filón inagotable. Volveremos, como 'Terminator?...
Y no escarmientan. Por más críticas que reciben los publicistas, cada día se superan con ideas a cual más estupida. He aquí algunos ejemplos:
* Una chica haciendo gilipolleces ante su futuro suegro, o ante un dependiente de supermercado, mientras canta una jerga indescriptible (algo así como 'chuanbang, chuanbang') para anunciar algo de perfumería. Creemos que es un desodorante.
* Un anuncio de coches en el que el propietario de uno de ellos confunde los colores y asegura que su coche es de un color diferente del que aparece en el anuncio. Ignoramos qué quiere decirnos.
* El anuncio de unos grandes almacenes suecos de muebles, irritante hasta la exasperación con una canción que repite machaconamente "eso no se hace, eso no se hace". (En cambio, hemos de reconocer que la anterior campaña basada en la "república de tu casa" fue acertada).
* Los anuncios de la DGT se llevan algunos trofeos al más estúpido: los más dictatoriales, insoportables. Los paternales, infumables. Y los que quieren imponerte el cinturón por tus c..., inadmisibles. Te dan ganas de desobedecer sólo por llevarles la contraria.
* Un tío con una barba verde, que asegura que antes era el 'number one' en algo, creemos que en poseer un móvil porque no entendemos muy bien el mensaje, y que ahora quiere seguir siéndolo y entonces se tiñe la barba de verde. (?)
* La mayoría de productos de limpieza para la casa presentan escenarios en los que no viviría un mendigo. Baños llenos de amarillento, grifos con verdín, encimeras totalmente intocables por su suciedad, suelos ennegrecidos para los que el limpiador en cuestión -dice el anuncio- es mano de santo. Mentira. Eso no lo limpia ni un balde de lejía. Y por no mencionar encimeras que son pistas de carreras para cucarachas o para restos que lame cualquier gato. ¿Hay alguien que tenga su casa así?. Si lo hay, no necesita un limpiador sino una sesión de psicoterapia...
Advertimos. Hay muchos más. Y en las revistas -sobre todo las dedicadas a las mujeres con más de 80 páginas- hay un filón inagotable. Volveremos, como 'Terminator?...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



