miércoles, 2 de enero de 2008

Cocinerías

Una receta: PATATAS EN TEMPURA

Plato estupendo para entrante, si lo acompañáis con una salsa a vuestro gusto. Os hacen falta 3 patatas grandes, 2 cebollas, 3 huevos, medio vaso de salsa de soja, 150 gms de harina para tempura (la hay en los grandes supermercados) y aceite de oliva.


Rallad las patatas peladas un poco más grandes que para patatas paja y cubrirlas con agua fría en un cuenco. Pelad las cebollas y cortarlas en juliana fina. Aparte, en un bol mezclad con ayuda de un tenedor la harina con agua muy fría, la suficiente hasta conseguir una pasta. Escurrid las patatas y secadlas con papel de cocina y mezclarlas con la juliana de cebolla. Pasadlas por la masa de harina, batid los huevos y mezcladlos con la salsa de soja. Freir las patatas y las cebollas por separado. Escurrid sobre papel de cocina antes de distribuirlas en una bandeja. Servid salsa de soja aparte y consumir muy caliente.

Historias del bandolero

La ambición ajena me había herido el orgullo, y me dolía como duele la carne aplastada bajo una bota... Y del orgullo herido nació el odio y del odio la turbación. El bandolero me pasó la mano por el hombro, como si quisiera restañar mi herida.

- La ambición sólo es ceguera y ansiedad por llegar antes al futuro, sin mirar el camino. La ceguera no deja verlo ni permite adivinar la tormenta de una mala conciencia...

Yo no entendía por qué se avanza empujando fuera del camino a los demás. Me dolía la insensibilidad ajema y la exhibición ajena y la ceguera ajena y la maldad ajena... como me duelen las palabras perdidas y los espejismos...

- Todos llevamos ese equipaje explosivo con nosotros. A veces nos damos cuenta y lo desactivamos a tiempo. Otras veces, nos estalla en las manos y nos deja ciegos y mancos. Entonces ya no hay remedio... Todo es cuestión de plantearse a tiempo qué clase de equipaje queremos llevar todo el camino...para que no nos pese demasiado cuando nos fallen las fuerzas...

Le dije que la ambición no permite intuir un fracaso a tiempo ni prevé un fallo de fuerzas. El ambicioso siempre se cree fuerte.

- Pero no lo es. Sólo tiene la fuerza que le da el poder que otros le han otorgado. Los mismos que se lo quitarán tarde o temprano. Y entonces, su cuerpo se desmoronará como un abrigo sin percha...

Mirar el horizonte me ayudó a olvidar la herida y a compadecer la ambición ajena, despojándola del poder que presta. La serenidad despejó mi turbación y, entonces, pude cargar el alma de humildad. Y armarme de un cargamento de sonrisas silenciosas para lanzarlas como dardos contra el ambicioso, que, además de ciego, acaba sordo antes de desfallecer de éxito robado a los demás...

De vez en cuando un romance

¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!.
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida:
moro que en tal signo nace
no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que decía:
- No te la diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y de una cristiana cautiva.
Siendo yo niño y muchacho,
mi madre me lo decía:
que mentira no dijese,
que era grande villanía.
Por tanto, pregunta rey,
que la verdad te diría.
-Yo te agradezco Abenámar
aquesta tu cortesía
-¿Qué castillos son aquellos?
Altos son y relucían.
- El Alhambre era, señor,
y la otra la mezquita,
los otros los Alixares
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día
y el día que no los labra
otras tantas se perdía.
El otro es el Generalife,
huerta que par no tenía.
El otro, Torres Bermejas,
castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,
a una mora cautiva
que andaba con su cortejo
y bien oiréis lo que decía:
- Si tú quisieras Granada,
contigo me casaría.
Dárete en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.
- Casada soy rey don Juan,
casada soy, que no viuda.
El moro que a mí me tiene
muy grande bien me quería.

De vez en cuando un poema

¿Qué miro que no veo
sino al fondo
del miedo y el misterio?
Todo está claro ya en mi interior...

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"Quiero vivir.
Vivir un año más,

un mes,
una semana,
un día más.

¿Para qué?. ¿Para quién?.

No lo sé, pero quiero vivir.
Querer vivir es ya una vida más"
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"Ser poema es ser nada
si no hace vida en nadie".

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"De pronto se dio cuenta
de que el riesgo de la vida está en vivir".


("Claro interior".- Angel Guinda .- Ed Olifante)