viernes, 14 de mayo de 2010

SAL O PIMIENTA


Normalmente esta sección la tengo reservada para mis propias críticas, reflexiones y comentarios. Pero en la web de Joaquín Leguina encontré el dia 20 de abril este post que me pareció interesante. Pedí su autorización en un mensaje a su blog, pero no he recibido contestación. Considero que, al cabo de un mes, quien calla otorga. Por tanto, lo publico aquí por su interés y buena literatura. El artículo lo tituló su autor:



ADANISMO



   Es preciso reconocerle a Baltasar Garzón el éxito de haber aparecido, una vez más, en el "New York Times" y en otros notables medios internacionales, pero el mensaje que el juez y sus hooligans han conseguido colar allí es tan negativo respecto a los españoles que resulta siniestro. En efecto, este desgraciado asunto ha sembrado la idea de que en treinta años de democracia los españoles hemos sido incapaces de lidiar con el pasado, que la Transición fue una bajada de pantalones, que la Guerra Civil es un tema tabú y que buena parte de la derecha sigue siendo franquista. Un hatajo de mentiras.

    Me fijaré en una de ellas, una de las que más repite el revisionismo adanista que está hoy tan de moda. Me refiero a la Ley de Amnistía (Ley 46/1977), contra la cual estos hooligans han puesto un especial empeño negando su vigencia, pues “los crímenes de guerra y los de lesa humanidad son imprescriptibles y por ello ninguna ley ‘de punto final’ es válida”. Pura propaganda.

    El único texto vinculante en materia de crímenes contra la Humanidad está en el convenio que se elaboró y aprobó en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas (Resolución 2391 –XXIII- de 26 de noviembre de 1968), que no contiene codificación alguna de normas de Derecho Internacional. Es un Tratado-ley que sólo obliga a los Estados ratificantes, que han sido apenas una cincuentena, entre los que no está España… ni Estados Unidos, ni países importantes de la Unión Europea. Por lo tanto, la ley española de amnistía no se opuso a ninguna otra norma de origen internacional que la contradijese.

    Por otro lado, el Tratado por el que se instituyó el Estatuto de la Corte Penal Internacional establece -en su artículo 11- que esa Corte sólo tendrá competencia respecto de crímenes cometidos después de su entrada en vigor, lo cual deja fuera los crímenes del franquismo y también, por cierto, aquéllos que pudieran haber cometido las autoridades republicanas.

    Ahora va a resultar que la reconciliación nacional- defendida por la izquierda en vida de Franco y puesta en práctica por todos en el periodo constituyente- sólo era una cobardía.

Joaquín Leguina Herranz


6 comentarios:

SOMMER dijo...

Para no hacer leña del arbol caido, a mi Garzón me encanta...

meg dijo...

Somer, aquí no se rechaza o se defiende a Garzón, sino que se critica la situación política e ilegal que ha provocado, a sabiendas de que no era legal. Por lo demás, cada cual tiene derecho a dirigir sus simpatías y sus empatías hacia quien quiera.

Gracias por tu visita y tu comentario, Sommer. Un saludo.

verofarfallarosa dijo...

Muy buena tu critica.. Excelente =)

meg dijo...

Vero, la crítica es de Joaquín Leguina. Yo sólo la he traído desde su blog al mío. Porque valía la pena. Un beso y gracias por tu visita.

Laube dijo...

Pues sintiéndolo mucho, no comulgo para nada con esta opinión de Leguina. Qué quieres que te diga, Meg... No me conidero una hooligan de nada. Soy jurista y te puedo asegurar que los Tratados internacionales están casi siempre por encima de las leyes nacionales y que La Ley de Amnistía Española fue una continuación de la primacía de la derecha sobre la izquierda. De nuevo, la izquierda hubo de ceder.
A mí me duele en el alma lo que se ha hecho con uno de los grandes magistrados que tenemos en España. Le duela a quien le duela, ES UN GRAN MAGISTRADO que ha dado mucho de sí por perseguir crímenes de tipos varios. Que se ha equivocado algunas veces?. Sí. Es humano, no?. Yo también me equivoco y por eso no cometo un delito.
Sigo diciendo, como jurista que soy, que Garzón no ha cometido prevaricación. Es imposible que la cometiera porque en este delito se necesitan varias premisas que deben concurrir simultáneamente, no alternativamente. Es una persecución pura y dura.
El PSOE de la vieja guardia le odia porque a muchos de ellos los metió en la cárcel. La derecha rancia d este país (ojo, no pienso que toda la gente de dercha sea franquista, pero sí muchos jueces que están en nuestros altos tribunales y que juraron lealtad a franco y siguen ahí... me revuelven las tripas) le detesta porque les tiene en jaque. Qué culpa tienen si estas personas no hacen más que cometer delitos uno detrás de otro?.
Pues eso... Que no estoy de acuerdo para nada con Leguina y supongo que tampoco contigo.
Un besote

meg dijo...

Laura, yo sólo he publicado la opinión de una persona que a mí me ha parecido bien argumentada. No quiero significarme ni revelarme en política, porque creo que eso es un privilegio y derecho de cada cual que puede o no mantener en privacidad. O sea que no se trata de estar de acuerdo conmigo o no, sino de estarlo o no con el Sr. Leguina.

En cuanto a la actuación de Garzón me reservo mi opinión. Si eres jurista, estarás conmigo en que la actuación judicial debe ser discreta, directa y sin alharacas mediáticas ni filtraciones. Por otro lado, no sé cuántos jueces instruyen casos con errores que invalidan la instrucción. Pero según compañeros de uno y otro signo que hacen la informacion judicial, Garzón ha errado en bastantes instrucciones. Lo que no le quita mérito para que se la haya jugado en instruir casos que clamaban al cielo.

De todos modos, aquí hay libertad de expresión y todos tenemos derecho a expresar la nuestra. Laura, muchas gracias por dejar aquí la tuya y te espero de nuevo. Un beso y feliz domingo.