MORTAL Y ROSA
Francisco Umbral
Francisco Umbral fue un escritor que, en su lenguaje inventado, o sea, dejó constancia de la frescura y barroquismo de su critica. Un hombre que supo ver tres veces Madrid, que convirtió en leyenda a un César visionario y que se burló de una raza inexistentes, Las Giganteas, y supo dar cuerpo a ese vacío inmenso que deja el ser querido que se va, con letras unidas en el arte y el estilo, a pesar del dolor. Y desnudándose para dejar a la vista a un Francisco Umbral totalmente desconocido. Sólo quien ha leído este libro, puede asegurar que conoce a Umbral...
Sufrió la pérdida de un hijo, que se fue lentamente, de hospital en hospital y transfusión en transfusión, escribiendo, mientras esperaba en las frías habitaciones hospitalarias, las palabras más bellas envueltas en el papel de colores del dolor escondido, para mezclarlos con los globos de la alegría fingida. Fue capaz de expresarse así en esta obra, repito, escrita desde el dolor de la pérdida de ese hijo único.
"Miro mi gota de sangre, la miseria que doy de mí, y observo una repugnancia apasionada, con un amor sórdido de animal por su animalidad, la efusión de la vida en la muerte, de la muerte en la vida. Qué presto a desanudarme en la nada, qué flojo por todas partes el saco de mi vida. Soy... fardo de lluvia que gotea muerte por todas partes..."
"Escribo en la copa del árbol de los días poemas en prosa y libros de colores. Mi hijo se ha dormido en lo más profundo de sus zapatos y hay un reloj de pulsera fornicando con la eternidad..."
"Aprender a mirar los ojos...aprender a escuchar con los ojos. Nadie puede soportar la interrogación del silencio...Nadie puede soportar la interrogación de los ojos...Cuánto tiempo tarda un hombre en ser dueño de sus ojos, cuánto he tardado yo en habitar mis ojos...Hay que irse a vivir a los ojos como a lo alto de una claraboya,... a los cielos del cuerpo.. Instalarse en los ojos como en las estancias más soleadas del cuerpo."
"Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse".
"Mortal y rosa" son páginas en negro, donde vomitó toda su pena y su vacío, con palabras que respiran poesía y prosa tras la marcha del único hijo. Un hombre capaz de escribir las palabras más tristes en esa noche del hombre, para desaparecer tras ellas y luego revivir de sus cenizas para mirar de soslayo a "Las ninfas" que le rodeaban ansiosas de sexo y fama. Era la única forma de sobrevivir al dolor. Y el lector encuentra en ellas al mejor Umbral, al más lírico y entrañable, al Umbral capaz de sentir y llorar y quejarse, desvestido de su hábito de cinismo y soberbia...
Quien lea este libro, podrá decir que ha leído al mejor Umbral de todos los tiempos...
