Si en el principio fue el Verbo, al final habrá de ser el Silencio. Pero ¿dónde quedará el verbo de los libros?. ¿Se borrarán sus páginas?...
El bandolero apenas ha leído sino los bandos de la plaza pública, por los que le atraparon y le llevaron a una mohosa y fría celda alpujarreña. Una noche me pidió que le leyera un texto que había oído, que hablaba de "la Guardia Civil caminera, figuras de sombras siniestras vestidas con capas negras...". Sintió un escalofrío. Luego le leí aquello de "Mi infancia son recuerdos / de un patio de Sevilla"...
- Qué bien lo lees. Dichas así, las palabras parecen mágicas.
Intenté explicarle que la magia estaba en las palabras en sí, no en mi voz. Me dijo que no sabía leer bien y no sabía sacar el sonido a los libros. Le pregunté por qué le era tan necesario poner sonido a las palabras.
- Porque así no son estériles. Entran en mi pensamiento por los ojos y por los oídos. Y cuando se leen bien, suenan mucho mejor...
Pero para leer no hace falta poner sonido a las palabras. Cada una cobra en nuestra mente el sonido que queramos darle en cada momento. Acabé regalándole un libro. Me lo devolvió meses después con los bordes de las hojas rizados y un rictus amargo en sus labios. Me di cuenta de que le había prestado un libro siniestro.
- No quiero ser como este Pascual Duarte. Que el destino no hace apaños...
- ... y nadie se lo repare.
Me miró extrañado y le expliqué que había recitado una frase del "Martín Fierro", un bandolero de la Pampa, allá en la Tierra del Fuego. Y me devolvió otros libros que le había prestado, igual de arrugados en los bordes de las páginas.
- Ese Martín Fierro era sabio. Pero yo nunca tendría un burro como Platero ni plantaría un baobab en medio de mi cueva...
El bandolero se había sumergido al fin en el verbo de los libros. El tampoco supo contestarme cuando le pregunté qué pasará con ellos cuando el mundo se acabe...
miércoles, 10 de octubre de 2007
Trucos de decoración
* Si quieres disponer de una librería pero no ocupar toda una pared, aprovecha el muro de la ventana: Construye una a ambos lados de la ventana y une ambos lados con una estantería 'volada' sobre la ventana, enmarcando el hueco. Lo mismo puedes hacer en la pared de la puerta, enmarcándola con estantes. Así tendrás tu biblioteca sin ocupar demasiado sitio.
* Si quieres cambiar el aspecto de tu pasillo o del recibidor, empapela la parte baja, a modo de zócalo de 1 metro de altura, con papel que imite el decapado de la madera. Y coloca un listón de madera como remate. Quedará vistoso.
* Si has cerrado la terraza incorporándola al salón, te habrá quedado un desnivel con pavimento diferente. Resuélvelo, si no quieres meterte en más obras, colocando una tarima en la parte donde estuvo la terraza y fórrala de sisal. Dispondrás así un salón con dos alturas y no tendrás que cambiar todo el suelo.
* ¿Tus hijos no tienen suficiente espacio para guardar sus juguetes o sus cómics?. Forra de tela la superficie de su mesa de trabajo y deja colgando a los lados dos bandas con grandes bolsillos. Les valdrá para tener recogido lo de uso más habitual.
* Si quieres cambiar el aspecto de tu pasillo o del recibidor, empapela la parte baja, a modo de zócalo de 1 metro de altura, con papel que imite el decapado de la madera. Y coloca un listón de madera como remate. Quedará vistoso.
* Si has cerrado la terraza incorporándola al salón, te habrá quedado un desnivel con pavimento diferente. Resuélvelo, si no quieres meterte en más obras, colocando una tarima en la parte donde estuvo la terraza y fórrala de sisal. Dispondrás así un salón con dos alturas y no tendrás que cambiar todo el suelo.
* ¿Tus hijos no tienen suficiente espacio para guardar sus juguetes o sus cómics?. Forra de tela la superficie de su mesa de trabajo y deja colgando a los lados dos bandas con grandes bolsillos. Les valdrá para tener recogido lo de uso más habitual.
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Recomendaciones
Un libro: "ESPÁRRAGOS PARA DOS LEONES".- Alfredo Iriarte .-
Es la hilarante saga de la familia Esparragoza del país de Palumbia, cuyo blasón son dos espárragos en medio de dos leones rampantes. Sus miembros son a cual más singular. Finalmente, la historia queda centrada en Trimegisto Esparragoza, un santo varón que vive con Amalasunta, su madre, una esfinge inmutable, intolerante y enranciada. El mozo es brillante en cualquier negocio que emprende y así llega a ganar, virgen e intachable, las elecciones presidenciales de su país. Pero la carne siempre es débil, y cuando acaba de asumir la presidencia, junto con su primo Alfonso, un bala perdida al que nombra vicepresidente, conoce a Brunilda, hija de un excoronel nazi y una dama de la alta sociedad palumbiana que le rompe los esquemas de toda su vida. La exhuberante moza le saca de sus casillas y desatiende sus deberes como presidente. La descocada Brunilda viaja a París a comprar su ajuar de boda, y allí decide abandonar a Trimegisto por culpa de un arruinado noble italiano. El bueno de su prometido cae de boca en el infierno de la desmoralización y la ruina personal y su desgracia le llevará a la muerte. Los funerales por el presidente transcurren con la solemnidad que el cargo requiere, y deja el poder en manos de su primo, un tarambana que acaba adquiriendo la cordura con un buen casamiento y al que todo el pueblo ha conocido y admirado durante los actos en que el presidente delegaba. Palumbia sigue siendo un paraíso...
La novela no tiene desperdicio. Valga como ejemplo el relato de la noche de bodas de Metafrasto, el padre de Trimegisto, con la esfinge fría y beatorra de Amalasunta: " La pareja volvió al tálamo para reanudar la penosa tarea. El sufrido esposo tuvo que recurrir... a los recuerdos de días felices...para insuflar la dureza perdida a su ariete viril. Siguió la lucha. Amalasunta oraba en latín y romance mientras Metafrasto pujaba y acesaba. De pronto... se le deslizó una mano sobre la carne cecina de su mujer...previendo otra agria reprensión y un nuevo descenso al piso para repetir la oración, Esparragoza, conteniendo la ira, se la jugó toda en un desplante de audacia...: "Ya sé que soy un libertino abominable. Pero te informo que no pienso acolitar más oraciones. Lo que acaba de ocurrir fue involuntario. De modo que seguimos en lo nuestro o me marcho a mi habitación y mañana mismo inicio proceso de nulidad". Por primera y única vez de su vida, Amalasunta sintió sobre sí el peso de la autoridad de un macho...Matefrasto arremetió con nuevos bríos y de pronto se hizo el milagro: el himen de badana, el himen inexpugnable que pareció desafiar el poder terebrante de un berbiquí, se rasgó para dar paso al falo victorioso. Segundos después vino la apoteosis del chisguete redentor, cuando sus fuerzas estaban a punto de desfallecer. A continuación, el viripotente marido extrajo la méntula de aquella caverna inhóspita y dando las buenas noches salió feliz hacia su alcoba"...
Y dejo algunas palabras divertidas del castellano utilizadas por Iriarte: adehala por propina o recompensa, acolitar por rogar, méntula por pene. En una palabra, que es una novela para divertirse, eso sí, teniendo el diccionario al lado para consultas necesarias.
Es la hilarante saga de la familia Esparragoza del país de Palumbia, cuyo blasón son dos espárragos en medio de dos leones rampantes. Sus miembros son a cual más singular. Finalmente, la historia queda centrada en Trimegisto Esparragoza, un santo varón que vive con Amalasunta, su madre, una esfinge inmutable, intolerante y enranciada. El mozo es brillante en cualquier negocio que emprende y así llega a ganar, virgen e intachable, las elecciones presidenciales de su país. Pero la carne siempre es débil, y cuando acaba de asumir la presidencia, junto con su primo Alfonso, un bala perdida al que nombra vicepresidente, conoce a Brunilda, hija de un excoronel nazi y una dama de la alta sociedad palumbiana que le rompe los esquemas de toda su vida. La exhuberante moza le saca de sus casillas y desatiende sus deberes como presidente. La descocada Brunilda viaja a París a comprar su ajuar de boda, y allí decide abandonar a Trimegisto por culpa de un arruinado noble italiano. El bueno de su prometido cae de boca en el infierno de la desmoralización y la ruina personal y su desgracia le llevará a la muerte. Los funerales por el presidente transcurren con la solemnidad que el cargo requiere, y deja el poder en manos de su primo, un tarambana que acaba adquiriendo la cordura con un buen casamiento y al que todo el pueblo ha conocido y admirado durante los actos en que el presidente delegaba. Palumbia sigue siendo un paraíso...
La novela no tiene desperdicio. Valga como ejemplo el relato de la noche de bodas de Metafrasto, el padre de Trimegisto, con la esfinge fría y beatorra de Amalasunta: " La pareja volvió al tálamo para reanudar la penosa tarea. El sufrido esposo tuvo que recurrir... a los recuerdos de días felices...para insuflar la dureza perdida a su ariete viril. Siguió la lucha. Amalasunta oraba en latín y romance mientras Metafrasto pujaba y acesaba. De pronto... se le deslizó una mano sobre la carne cecina de su mujer...previendo otra agria reprensión y un nuevo descenso al piso para repetir la oración, Esparragoza, conteniendo la ira, se la jugó toda en un desplante de audacia...: "Ya sé que soy un libertino abominable. Pero te informo que no pienso acolitar más oraciones. Lo que acaba de ocurrir fue involuntario. De modo que seguimos en lo nuestro o me marcho a mi habitación y mañana mismo inicio proceso de nulidad". Por primera y única vez de su vida, Amalasunta sintió sobre sí el peso de la autoridad de un macho...Matefrasto arremetió con nuevos bríos y de pronto se hizo el milagro: el himen de badana, el himen inexpugnable que pareció desafiar el poder terebrante de un berbiquí, se rasgó para dar paso al falo victorioso. Segundos después vino la apoteosis del chisguete redentor, cuando sus fuerzas estaban a punto de desfallecer. A continuación, el viripotente marido extrajo la méntula de aquella caverna inhóspita y dando las buenas noches salió feliz hacia su alcoba"...
Y dejo algunas palabras divertidas del castellano utilizadas por Iriarte: adehala por propina o recompensa, acolitar por rogar, méntula por pene. En una palabra, que es una novela para divertirse, eso sí, teniendo el diccionario al lado para consultas necesarias.
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