Hipoglucemia.
Se había acurrucado al fondo del estrecho callejón sin salida, a las espaldas de la multitud que esperaba el paso de la Cabalgata. La oscuridad del rincón le ocultaba mientras buscaba en sus bolsillos un mendrugo de pan con el que calmar el ataque de hipoglucemia que le daba frecuentemente, quitándole las fuerzas, acaso por falta de glucosa en su alimentación. Bueno, en su alimentación faltaba de todo. Apenas comía a diario un mendrugo de pan y algo de fiambre ya caducado, del que el gran supermercado se deshacía cada noche. Allí buscaba yogures azucarados que no siempre encontraba. Pero sobre todo llenaba sus bolsillos de galletas, para estos momentos en que su cuerpo se desmoronaba como una marioneta abandonada.
Se durmió, a pesar del dolor en el estómago y del escandaloso ruido de niños y mayores gritando a las carrozas que desfilaban por la avenida. No supo el tiempo que había dormido. Se despertó tritando de frío, por culpa de la hipoglucemia y porque había perdido una de las capas de cartón que tendría que reponer esa misma noche. Se anunciaban heladas y lo iba a pasar mal. Se incorporó y vio brillar algo en el suelo junto a sus pies. Se estiró para cogerlo. Era un puñado de caramelos y chocolatinas y un bocadillo de jamón muy bien envuelto. De buen jamón. De ése que apenas compra nadie por su precio.
Comió primero los dulces para nivelar su nivel de glucosa. Luego desenvolvió el bocadillo y empezó a morderlo lentamente, para saborear mejor el sabor del fiambre y del pan tierno del día. Y de repente se fijó en las pisadas marcadas en el callejón. Huellas de pies pequeños que habían dejado su señal mojada por los charcos del asfalto. Junto a ellas, alguien había perdido un guante blanco y un penacho de plumas. La multitud ya se había dispersado y la calle se iba quedando desierta. Siguió comiendo muy despacio, para que le durase más aquel bocadillo de jamon.
lunes, 10 de diciembre de 2007
Historias del bandolero
Llegué ufana junto a él, hinchada por la vanidad de creerme alguien, poderosa, capaz de dirigir mi vida y hasta las de los demás... Estaba sentado a la puerta de su cueva, con sus rizos negros al viento y sus ojos clavados en el horizonte. No me contestó al saludo sino que me lo aplastó.
- Cierra la cola, que pareces un pavo real.
- Es que al fin he llegado a ser alguien en la vida.
- Ya eras alguien.
- Bueno, pues he llegado a ser algo importante.
- Lo importante es que sepas qué...
Algo se conmovió en mi interior. De repente me pareció como un Séneca impenetrable, machadiano y cínico. No quise contestarle. Pero yo seguía estando satisfecha de mi trabajo, de mi proceder honesto, de mi brillantez premiada con laureles profesionales. Como si me adivinara el pensamiento, me miró negando con la cabeza:
- Tu trabajo es bueno si los demás lo juzgan bueno, ¿no?. Y para conseguirlo te prostituyes adulterándolo, manipulándolo al gusto de los demás. Y tanto tiempo actuando así, que ya no te das cuenta de que no es eso lo que debías hacer... Y los laureles que te dan los demás te anestesian la conciencia... Y te surge la vanidad de presumir de algo que sólo tienes prestado. Pero no puedes tener el orgullo de poseerlo. El poder es pasajero, porque alguien más astuto o más sabio que tú te lo quitará. Y te quedarás con la incógnita de saber si lo ejerciste con justicia, con equidad... Eso te amargará la conciencia y te endurecerá el carácter... Y cuando te des cuenta, te justificarás diciendo que la experiencia te ha ido curtiendo por dentro... Embustes... Serán embustes que te contarás a tí misma pero no lograrás engañarte... Así que borra ya esa sonrisa vanidosa.
Aquella noche descubrí que el poder sólo se tiene cuando no se ejerce. Si hay que imponerlo, recordarlo, no se está ejerciendo bien. Y yo, en realidad, no podía ejercer TODO el poder, porque lo tenía limitado. Y sé que me lo pueden quitar cualquier día. En cuanto les falle la confianza en mí... Me volví para mirar por última vez al bandolero sentado a la puerta de la gruta, oteando el horizonte con el orgullo de sentirse el dueño de su invisible imperio. El nunca ha sentido lo que es la vanidad...
- Cierra la cola, que pareces un pavo real.
- Es que al fin he llegado a ser alguien en la vida.
- Ya eras alguien.
- Bueno, pues he llegado a ser algo importante.
- Lo importante es que sepas qué...
Algo se conmovió en mi interior. De repente me pareció como un Séneca impenetrable, machadiano y cínico. No quise contestarle. Pero yo seguía estando satisfecha de mi trabajo, de mi proceder honesto, de mi brillantez premiada con laureles profesionales. Como si me adivinara el pensamiento, me miró negando con la cabeza:
- Tu trabajo es bueno si los demás lo juzgan bueno, ¿no?. Y para conseguirlo te prostituyes adulterándolo, manipulándolo al gusto de los demás. Y tanto tiempo actuando así, que ya no te das cuenta de que no es eso lo que debías hacer... Y los laureles que te dan los demás te anestesian la conciencia... Y te surge la vanidad de presumir de algo que sólo tienes prestado. Pero no puedes tener el orgullo de poseerlo. El poder es pasajero, porque alguien más astuto o más sabio que tú te lo quitará. Y te quedarás con la incógnita de saber si lo ejerciste con justicia, con equidad... Eso te amargará la conciencia y te endurecerá el carácter... Y cuando te des cuenta, te justificarás diciendo que la experiencia te ha ido curtiendo por dentro... Embustes... Serán embustes que te contarás a tí misma pero no lograrás engañarte... Así que borra ya esa sonrisa vanidosa.
Aquella noche descubrí que el poder sólo se tiene cuando no se ejerce. Si hay que imponerlo, recordarlo, no se está ejerciendo bien. Y yo, en realidad, no podía ejercer TODO el poder, porque lo tenía limitado. Y sé que me lo pueden quitar cualquier día. En cuanto les falle la confianza en mí... Me volví para mirar por última vez al bandolero sentado a la puerta de la gruta, oteando el horizonte con el orgullo de sentirse el dueño de su invisible imperio. El nunca ha sentido lo que es la vanidad...
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Cocinerías
Meriendas sanas y atractivas para los niños:
Procura tener siempre pequeñas baguettes o panecillos de leche, en lugar de dulces industriales o sandwiches elaborados en los comercios. Intenta que saboreen más nuestros bocadillos que las hamburguesas o las pizzas. Para ello, hazles atractivos los bocatas. Aprovisiónate de varias pastas que puedes preparar para toda la semana y échale imaginación. Por ejemplo:
* Unta el interior de pequeñas baguettes con queso de untar en abundancia y coloca encima unas nueces trituradas. Aplasta bien el bocadillo.
* Bate queso de untar, un tomate maduro y yema de huevo cocido. Unta el pan con esta pasta.
* Unta unas minibaguettes con foie-gras, coloca encima rodajitas de pepinillos y de guindas en almibar bien escurridas o trocitos de piña en su jugo muy escurridos. Luego aplasta bien la barrita.
* Rellena una baguettina con rodajas de huevo duro y migas de atún revueltas con unas gotas de ketchup.
* Unta el interior de las barritas con tomate muy maduro, coloca una loncha de jamón serrano en trocitos y rocíalos con unas gotasde aceite de oliva.
De esta forma veréis cómo no se resisten a merendar bocatas caseros. Y además os gustará echar imaginación cada vez que hagais los bocadillos.
Procura tener siempre pequeñas baguettes o panecillos de leche, en lugar de dulces industriales o sandwiches elaborados en los comercios. Intenta que saboreen más nuestros bocadillos que las hamburguesas o las pizzas. Para ello, hazles atractivos los bocatas. Aprovisiónate de varias pastas que puedes preparar para toda la semana y échale imaginación. Por ejemplo:
* Unta el interior de pequeñas baguettes con queso de untar en abundancia y coloca encima unas nueces trituradas. Aplasta bien el bocadillo.
* Bate queso de untar, un tomate maduro y yema de huevo cocido. Unta el pan con esta pasta.
* Unta unas minibaguettes con foie-gras, coloca encima rodajitas de pepinillos y de guindas en almibar bien escurridas o trocitos de piña en su jugo muy escurridos. Luego aplasta bien la barrita.
* Rellena una baguettina con rodajas de huevo duro y migas de atún revueltas con unas gotas de ketchup.
* Unta el interior de las barritas con tomate muy maduro, coloca una loncha de jamón serrano en trocitos y rocíalos con unas gotasde aceite de oliva.
De esta forma veréis cómo no se resisten a merendar bocatas caseros. Y además os gustará echar imaginación cada vez que hagais los bocadillos.
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Cinemateca
Gazapos cinematográficos:
* En una escena de "Gladiator" se anuncia una de los combates del coliseo repartiendo folletos al público. Gran error histórico, porque, en aquella época, no se escribía en papel, sino en tablillas cubiertas de cera.
* En "El club de los poetas muertos" Robin Williams divierte a sus alumnos imitando la voz de Marlon Brando en "El Padrino". Imposible en la realidad, porque la película de Coppola se estrenó décadas después, en 1972, de la época en que se desarrolla la acción de la película de Peter Weir.
* La novia de Al Pacino, en "Atrapado por su pasado", que transcurre en los años 70, pide una Coca-Cola light. Imposible porque la bebida se comercializó a principios de los 80, por tanto no podía existir en la época en que transcurre la acción.
* Elizabeth Taylor fue operada urgentemente de apendicitis durante el rodaje de "Cleopatra". Al incorporarse los guionistas dejaron que luciera la cicatriz de su vientre como si el personaje histórico hubiera sufrido la misma operación. Error histórico: en aquella época no se hacían ese tipo de intervenciones quirúrgicas. Y otras incisiones que se hacían no eran precisamente tan imperceptibles.
* En una escena de "Gladiator" se anuncia una de los combates del coliseo repartiendo folletos al público. Gran error histórico, porque, en aquella época, no se escribía en papel, sino en tablillas cubiertas de cera.
* En "El club de los poetas muertos" Robin Williams divierte a sus alumnos imitando la voz de Marlon Brando en "El Padrino". Imposible en la realidad, porque la película de Coppola se estrenó décadas después, en 1972, de la época en que se desarrolla la acción de la película de Peter Weir.
* La novia de Al Pacino, en "Atrapado por su pasado", que transcurre en los años 70, pide una Coca-Cola light. Imposible porque la bebida se comercializó a principios de los 80, por tanto no podía existir en la época en que transcurre la acción.
* Elizabeth Taylor fue operada urgentemente de apendicitis durante el rodaje de "Cleopatra". Al incorporarse los guionistas dejaron que luciera la cicatriz de su vientre como si el personaje histórico hubiera sufrido la misma operación. Error histórico: en aquella época no se hacían ese tipo de intervenciones quirúrgicas. Y otras incisiones que se hacían no eran precisamente tan imperceptibles.
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